domingo, 23 de octubre de 2011

En el hueco de mi mano...


En el hueco de mi mano
cabe un rayo de sol tibio,
tu lugar para la ronda
y el saludo de un amigo.

La magia de cinco notas,
una caricia dormida,
una cosquilla chiquita
y una que otra despedida.

Un beso arrojado al viento,
una paloma cansada,
la fruta que más te gusta
y ese gesto que esperabas.



La primera mariposa,
la invitación a quedarte,
los aromas del verano
y un secreto que pasarte.

¡Si este hueco de mi mano
hasta se parece a un nido!
Para que pongas tu mano
y puedas soñar conmigo.

Edith Mabel Russo

sábado, 22 de octubre de 2011

Los Héctores -Ricardo Mariño-


La muerta de peor carácter en todo el cementerio era Ana Maidana de Quintana. En vida, Ana había sido maestra y directora de escuela. Al cementerio había llegado hacía sólo un mes y los problemas con ella comenzaron ese mismo día.
Tras un breve paseo entre las tumbas Ana tuvo una relación inesperada: se puso a gritar enojada. Su enojo se debía a una leyenda que vio en una placa de bronce:
¡José, te fuistes, pero sigues vivo en nuestros corasones!
_"¿Fuistessss" -pronunció Ana, exagerando la ese-. "¿corassssssones?"
siguió caminando y pocos metros más allá otra leyenda llamó su atención:
Cristina: te recuerdan tu esposo, higos y nietos.
_¿Higos? ¿Los higos recuerdan a cristina?-dijo Ana, llena de bronca- ¿Qué higuera da higos con sentimientos?
Enseguida la espantó el texto de otra lápida:
¡Querida esposa: nos reuniremos en el más allá y ceremos feliceds como acá!
Pero lo que terminó de ponerla frenética fue su propia tumba en la que había varias placas de bronce. en una de ellas, decia:
En memoria a Ana de Quintana, maestra egemplar, que nos encenió todo lo que savemos. Sus ex alumnos que tanto la lioran.
-¡Ahhhhhhh-fue el interminable grito de Ana, que le erizó la piel y le puso los pelos de punta a los muertos y vivos de diez kilómetros a la redonda.
Eran las siete de la mañana. en ese momento el encargado del cementerio, el señor Héctor funes, tomaba mates con el sepultero, señor Héctor Pozos, y el vendedor de flores, señor Héctor Clavel. Eran los únicos seres humanos vivos presentes en el cementerio y, aunque no podían escuchar el grito de un muerto, sí experimentaron un profundo escalofrío. El fuego del calentadorcito se apagó, los pájaros huyeron de lolos árboles, y un silencio de sepulcro cubrió la escena.
-Un muerto ha entrado en cólera- anunció sombrío Héctor Funes, que después de treinta años de ejercer como encargado del cementerio sabía todo lo que se puede saber sobre los muertos.
Héctor pozos se puso pálido como una lápida de mármol y su vista quedó fijada en la ahora inexistenete llama del calentadorcito.
héctor Clavel saltó a su bicicleta y no dejó de pedalear hasta llegar a su casa.
Mucho se habló ese día sobre esa desagradable sensación experimentada por todos en la cuidad, pero mucho más se dijo en los días siguientes, cuando comenzaron a registrarse extraños sucesos:
Un quinto grado completo fue perseguido por un libro de gramática que trataba de morderle la cabeza a los pequeños.
A una chica le apareció escrita en la panza una leyenda "las palabras terminadas en aba se escriben con b".
Un carnicero, que acababa de escribir un cartel anunciando "Azado espesial", fue atacado por una tira de chirizos que envolvió su cuello como una boa constrictora y trató de asfixiarlo.
Un señor en cuya casa había un cartel que decía "Electrisidad", fue perseguido dos cuadras por una plancha voladora que trató de quemarle las nalgas.
La cuidad estaba bajos los efectos del pánico. Nadie entendia a qué se debían los ataques paranormales.
Los únicos que tenían un plan para intentar remediar aquellos eran los héctores.
Héctor Funes, Héctor Pozos y Héctor Clavel estaban preocupados porque ya casi nadie visitaba el cementerio. Los pocos que lo hacían, pasaban rápido por la tumba de su pariente y no compraban flores ni dejaban propinas. Hubo fallecidos que fueron enterrados en cementerios de localidades ubicadas a 50 o 100 km de allí. El cementerio de los héctores se desbarrancaba económicamente y moralmente.
Un día los héctores compraron pinceles, pinturas y una edición usada de "Dudas y errores frecuentes del idioma castellano", un pequeño manual. Durante una jornada completa se dedicaron a corregir los errores en las lápidas y una noche, sin que nadie los viera, acarrearon baldes y una escalera por toda la cuidad hasta corregir todos los carteles con errores.
Al principio la gente observó con extrañeza las correcciones en los carletes, pero reaccionó con más temor cuando una maestra jubilada, dijo:
-Es el fantasma de Ana Maidana de Quintana! Sólo ella podría hacer algo así.
Los tres héctores se juramentaron no contar nunca la verdad.
Ana volvió a su tumba y se quedó tranquila. Con el tiempo la gente olvidó los ataques fantasmales y volvió a visitar normalmente el cementerio.
Pero para los héctores las cosaas ya no volvieron a ser como antes: como contagiados por la maldición (¿la maldición de Ana Maidana?), cada vez que veían un error no podían dejar de correr a corregirlo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

UNA MANCHA DE CAFE - Leyenda urbana


Cuenta la leyenda que un sábado a la noche un joven fue a bailar a un boliche. Sus amigos, a último momento, habían decidido no acompañarlo. Esa noche de invierno conoció a una hermosa chica. Nunca la había visto antes, y eso era extraño. Hacía mucho que iba a bailar al mismo lugar. Estuvieron juntos toda la noche, bailaron, charlaron, pasearon entre los arboles de una plaza cercana, y se dieron algún beso. Era un amanecer helado, y él le prestó su campera. Cuentan que la chica se llamaba Laura. Mientras disfrutaban de un necesario desayuno, Laura se volcó el café sobre la campera. Una enorme mancha se expandió sobre sobre la tela. Él la acompañó hasta su casa, y ella dijo que lo llamaría:había prometido lavar la mancha. ¡Qué bueno! ¡Volvería a verla! El joven se habría enamorado. Los días pasaron y no recibió el llamado. La ansiiedad lo devoraba. No sabía cuando pasar por la casa de la muchacha y no había logrado comunicarse con ella. No pudo mas. Llovía en la ciudad y el mediodía era una medianoche tormentosa. Pensó antes de golpear la puerta, estaba mojado y tiritaba... - ¡Hola!, ¿está Laura? dijo con un castañar de dientes constante.- Vengo a buscar una campera que ella iba a lavarme. -¿Vos me estás cargando, pibe? - le dijo un señor con barba negra y vos muy grave. -No señor - le contestó - Vengo a buscar mi campera. Se la presté hace dos semanas. Nos conocimos en un boliche. -¿Cómo? ¿Estás loco? ¡Mi hija se nos fue el año pasado! El joven quedó pasmado. Seguía lloviendo en la calle, pero el frío ya no estaba afuera, sino en su interior. Juntos, en la noche de tormenta, el padre y el enamorado caminaron por el jardín de la casa. De repente, vieron el jazmín que Laura solía cuidar florecido en pleno invierno... Y cuando el muchacho clavó sus ojos en la tierra vio que su campera estaba allí al lado de la planta. Cuentan los vecinos que el jazmin florece todos los inviernos gracias a los cuidados del muchacho, que sigue vistiendo la campera aunque tenga la mancha cada vez más y más oscura. Anónimo.

martes, 18 de octubre de 2011

¡¡Para reflexionar!!! LAS ESTRELLAS DEL MAR


Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar.
Hacía lo mismo una y otra vez. Tan pronto que me aproximé, me dí cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena y una a una las arrojaba de nuevo. Intrigado, lo interrogué sobre lo que estaba haciendo, a lo cual me respondió:
-Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano.
Como ves,la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de oxígeno.
-Entiendo le dije, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas. Y quizásno te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa, ¿no estás haciendo algo que no tiene sentido? El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió:
-¡Para está si lo tuvo!
Cada lector de este cuento, es una estrella que arrójo al mar... Sé que en este mundo complicado, trastocado, acelerado, equivocado, un gesto de ternura y solidaridad no alcanza.Nada puedo hacer para solucionar las penas del mundo pero mucho puedo hacer para ayudar en el pedasito de mundo que me toca.
Si alguna vez pude a través de mis email, mis cuentos o mis historias, hecerte sonreír, llorar, emocionar y reflexionar...
Entonces eres una de esas estrellas que ha vuelto al mar o contarle a las otras que la bondan existe. Que, de los momentos límite también se sale, que todavía existen seres que creen en los demás...
Anónimo

viernes, 14 de octubre de 2011

Un poco de POESÍA... La Reina Batata

Estaba la reina batata,
sentada en un plato de plata,
el cocinero la miró
y la reina se abatató.

La reina temblaba de miedo,
el cocinero con el dedo
que no, que sí, que sí, que no!
de mal humor la amenazó.

Pensaba la reina batata,
ahora me pincha y me mata
el cocinero murmuró con esta sí me quedo yo.

La reina vio por el rabillo,
que estaba afilando el cuchillo
y tanto, tanto se asustó
que rodó al suelo y se escondió.

Entonces llegó de la plaza
la nena menor de la casa,
cuando buscaba su yo-yo
en un rincón la descubrió.

La nena en un trono de lata,
la puso a la reina batata,
colita verde le brotó.
(a la reina batata a la nena no)
Y esta canción se terminó.


MARÍA ELENA WALSH

EL ZAPATO Y EL BETÚN

En la habitación de un niño existían unos zapatos bonitos, en que todos los días desde que había sido comprado recibía la humectación del betún en su cuero, pues esto lo hacia más brillante ante todos los demás que no recibían.
Un día pasando por las avenidas vio un zapato que se estaba abriendo las suela, dijo -Hola ¿estás descuidado y maltratado? no te han dado ninguna humectante para tu cuero y por eso te ves así. Tienes que ir de visita a un zapatero para que te reponga y te clave tu suela para que puedas caminar mejor.
El zapato sin suela contestó -si, me han tratado muy mal, pero hoy día escuché que iré a reponerme para seguir caminando.
El zapato que tenia buen estado dijo -si mira como estoy, feliz de la vida pues todos los días me echan betún en mu cuero.Sabes que es necesario echarles betún y lustrarlos para mantener un buen estado, ojalá no se olviden de enviarte al zapatero para que te repongan porque sino se terminará de romper tu suela y ya no servirás. Nos vemos.
El zapato lustrado al llegar a su casa habló con el betún y le dijo -mira, me encontré con un zapato sin suela y viejo creo que debo agradecerte por brindarme tu humectante en mi cuero y asi tener buen aspecto y no sufrir maltratos a los que estamos expuestos, muchas gracias betún.
-No hay porque zapato, es mi trabajo y debo cumplirlo. Si tu no estuvieras yo no existiría aquí.
Gracias por estar aquí, me voy, ya terminó mi trabajo, dijo el zapato, hasta mañana.
Mensaje: todos los zapatos nos duran más cuando les damos un mayor mantenimiento con betún, es nuestro arreglo personal.